La emoción se hizo para usarla. La pasión se hizo para desbordarla y el drama se hizo para auxiliarse. Acudir todas las veces que nos sea de utilidad a eso que llamamos una segunda opción, es mas que justificado cuando las lágrimas fallan.
Cuando te miran con ese cinismo característico del último adiós, lo más inteligente es no llorar, sino, subir la ceja derecha, hacer una cara de estupidez, no escuchar el ruido de lo permeable, y proseguir la marcha.
Si las lagrimas te fallan es porque no eres fácil de corroer. Camina un poco, relaja el pensamiento, valora todo, al final entenderás que valió la pena parecer cínico, porque la emoción se hizo para usarla en lo que merece la pena, y el drama para las emergencias.
Cuando menos lo esperes, sonreirás y entonces las lágrimas fluirán como gotas de lluvia en la tormenta más fuerte. Serán unas lágrimas espesas, calientes y llenas de felicidad. Saldrán esas lagrimas por un motivo mas noble, no hay que llorar por lo que no merece la pena, no hay que perder el tiempo, ni el sentido.
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