Los Vacios.
Recuerdo perfectamente, tres meses antes había llegado a la Vía Notto, una especie de sendero luminoso a los veranos perfectos de la Sicilia de siempre.
El pasto amarillo y la tierra seca, los árboles sin hojas, y las vacas secas, así es como esta el campo en septiembre, el verano envejece, pero aun tiene fuerza, aun puede hacer que mi cara enrojezca.
Uso guantes, camisa manga larga y pantalón baquero, el cuerpo seco, sin prueba alguna de hidratación: desprende diferentes sepas de piel muerta cada vez que rozo cualquier cosa.
Aun cuando la vista se vuelve amarilla por todo lo árido que el campo puede llegar a ser, tengo la posibilidad para ver el reflejo del sol en el estanque, el lugar donde mi niñez transcurrió…
Y es en ese estanque donde hay una colonia de pequeñas tortugas, donde estoy seguro, que pese a todo el calor que impera, y aun cuando el caudal baja un 70% debido al verano, allí yacen las tortugas esperando el siguiente invierno.
Y quisiera quitarme el vaquero, la camisa verde, y nadar en el estanque. En el lugar donde siempre hay agua, pero este calo no lo quita el agua. Solo hay una cosa que puede llenarnos por completo y eso es el amor.
Sin embargo, en todas las ciencias existen errores de apreciación y seguramente nadie podría describir este momento… por eso me alejé de mi ciudad, donde había crecido entre los altos edificios, el Wifi y el metro.
El sentimiento de sentirse lleno incumbe a cada uno, es propiedad de cada quien, es incorrompible, inapelable, inalienable, pero sobre todo, irrepetible. A cada mañana que me levanto, en el pasto seco no veo vacíos.
Porque en este campo lejos de Palermo, lo que me importan son las uvas, las aceitunas y las ovejas, aquí se olvidan las cosas que no importan, y las que importándonos, nos hacen daño.
26/02/09
09/02/09
Las faldas de Mons Calpe
Antes bésame húmedamente.
Con la fría brisa de un lunes de febrero,
Quiero estar sentado en una cumbre
Donde tu abrazo sea la única compañía,
Y ver desde allí las faldas del Mons Calpe.
Ver como las olas rozan las rocas,
Cuales dedos acariciando las teclas del viejo piano.
Y después, la muerte,
Antes, aun querría vivir
Con la fría brisa de un lunes de febrero,
Quiero estar sentado en una cumbre
Donde tu abrazo sea la única compañía,
Y ver desde allí las faldas del Mons Calpe.
Ver como las olas rozan las rocas,
Cuales dedos acariciando las teclas del viejo piano.
Y después, la muerte,
Antes, aun querría vivir
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