26/02/09

Los vacios

Los Vacios.

Recuerdo perfectamente, tres meses antes había llegado a la Vía Notto, una especie de sendero luminoso a los veranos perfectos de la Sicilia de siempre.

El pasto amarillo y la tierra seca, los árboles sin hojas, y las vacas secas, así es como esta el campo en septiembre, el verano envejece, pero aun tiene fuerza, aun puede hacer que mi cara enrojezca.

Uso guantes, camisa manga larga y pantalón baquero, el cuerpo seco, sin prueba alguna de hidratación: desprende diferentes sepas de piel muerta cada vez que rozo cualquier cosa.

Aun cuando la vista se vuelve amarilla por todo lo árido que el campo puede llegar a ser, tengo la posibilidad para ver el reflejo del sol en el estanque, el lugar donde mi niñez transcurrió…

Y es en ese estanque donde hay una colonia de pequeñas tortugas, donde estoy seguro, que pese a todo el calor que impera, y aun cuando el caudal baja un 70% debido al verano, allí yacen las tortugas esperando el siguiente invierno.

Y quisiera quitarme el vaquero, la camisa verde, y nadar en el estanque. En el lugar donde siempre hay agua, pero este calo no lo quita el agua. Solo hay una cosa que puede llenarnos por completo y eso es el amor.

Sin embargo, en todas las ciencias existen errores de apreciación y seguramente nadie podría describir este momento… por eso me alejé de mi ciudad, donde había crecido entre los altos edificios, el Wifi y el metro.

El sentimiento de sentirse lleno incumbe a cada uno, es propiedad de cada quien, es incorrompible, inapelable, inalienable, pero sobre todo, irrepetible. A cada mañana que me levanto, en el pasto seco no veo vacíos.

Porque en este campo lejos de Palermo, lo que me importan son las uvas, las aceitunas y las ovejas, aquí se olvidan las cosas que no importan, y las que importándonos, nos hacen daño.